bear mountain resorts top blue loon lake rocky fork smoky table inn


El padre general necesitaba una leva de jesuitas alemanes mozos. Los soberanos del Paraguay admiten lo ménos jesuitas españoles que pueden, y prefieren á los extrangeros, de quien se tienen por mas seguros.

el reverendo padre general me creyó bueno para el cultivo de esta viña, y vinimos juntos un polaco, un tirolés, y yo. las tropas del rey de españa serán recibidas con brío, y yo salgo fiador de que se han de volver excomulgadas y vencidas. pero ¿es cierto que está mi querida cunegunda aquí cerca en casa del gobernador de buenos-ayres? candido le confirmó con juramento la verdad de quanto le habia referido, y corriéron de nuevo los llantos de entrámbos.
no se hartaba el baron de dar abrazos á candido, apellidándole su hermano y su libertador. no deseo yo otra cosa, respondió candido, porque me iba á casar con ella, y todavía espero ser su esposo. ¡tú, insolente! replicó el baron: ¡tener descaro para casarte con mi hermana, que tiene setenta y dos quarteles! ¡y tienes avilantez para hablarme de tan temerario pensamiento! confuso candido al oir estas razones, le respondió: reverendo padre, no importan un bledo todos los quarteles de este mundo; yo he sacado á la hermana de vuestra reverencia de poder de un judío y un inquisidor; ella me está agradecida, y quiere ser mi muger: maese panglós me ha dicho que todos éramos iguales, y cunegunda ha de ser mia.
eso lo verémos, picaruelo, dixo el jesuita baron de tunder-ten-tronck, alargándole con la hoja de la espada un cintarazo en los hocicos. candido desenvayna la suya, y se la mete en la barriga hasta la cazoleta al baron jesuita; pero, al sacarla humeando en sangre, echó á llorar. acudió á la bulla cacambo que estaba de centinela á la puerta de la enramada. no nos queda mas que vender caras nuestras vidas, le dixo su amo; sin duda van á entrar en la enramada: muramos con las armas en la mano. cacambo que no se atosigaba por nada, sin inmutarse cogió la sotana del baron, se la echó á candido encima, le puso el bonete de teatino del cadáver, y le hizo montar á caballo: todo esto se executó en un momento. un jesuita que lleva órdenes, y ántes que vengan tras de nosotros, estarémos ya fuera de las fronteras.
todo fué uno el pronunciar estas palabras, y volar gritando: plaza, plaza al reverendo padre coronel. _donde se da cuenta de los sucesos de nuestros dos caminantes con dos muchachas, dos ximios, y los salvages llamados orejones. el vigilante cacambo no se habia olvidado de hacer buen repuesto de pan, chocolate, jamon, fruta, y botas de buen vino, y así se metiéron con sus caballos andaluces en un pais desconocido, donde no descubriéron sendero ninguno trillado: al cabo se ofreció á su vista una hermosa pradera regada de mil arroyuelos, y nuestros dos caminantes dexáron pacer sus caballerías, cacambo propuso á su amo que comiese, dándole con el consejo el exemplo.
el sol iba á ponerse, quando á deshora oyen los dos asendereados caminantes unos blandos quejidos como de mugeres; pero no sabian si eran de gusto ó de sentimiento: levantáronse empero á toda priesa con el susto y la inquietud que qualquiera cosa infunde en un pais no conocido. daban estos gritos dos mozas en cueros, que corrian con mucha ligereza por la pradera, y en su seguimiento iban dos ximios dándoles bocados en las nalgas. bendito sea dios, querido cacambo, dixo, que de tamaño peligro he librado esas dos pobres criaturas: si cometí un pecado en matar á un inquisidor y á un jesuita, ya he satisfecho á dios, librando de la muerte á dos muchachas, que acaso son señoritas de circunstancias; y esta aventura no puede ménos de grangearnos mucho provecho en el pais.
iba á decir mas, pero se le heló la sangre y el habla quando vió que las dos muchachas se abrazaban amorosamente de los monos, inundaban en llanto los cadáveres, y henchian el viento de los mas dolientes gritos. ha muerto eran los amantes de estas dos niñas. ¿porqué extraña tanto que en algunos países sean los ximios favorecidos de las damas, si son quarterones de hombre, lo mismo que yo quarteron de español? ha, repuso candido, bien me acuerdo de haber oido decir á maese panglós que antiguamente sucedian esos casos, y que de estas mezelas procediéron los egypancs, los faunos, los sátiros, que viéron muchos principales personages de la antigüedad; pero yo todo lo tenia por fabuloso. convencerse ahora, dixo cacambo, de que son verdades, y ya ve los estilos de la gente que no ha tenido cierta educacion: lo que me temo, es que estas damas nos metan en algun atolladero.
al despertar sintiéron que no se podian menear; y era la causa que por la noche los orejones, moradores del pais, á quien habian dado el soplo las dos damas, los habian atado con cuerdas hechas de cortezas de árboles., señor, dixo en triste voz cacambo, que las muchachas aquellas nos jugarian una mala pasada. ha, ¿qué diria el doctor panglós si viera lo que es la pura naturaleza? todo está bien, norabuena; pero confesemos que es triste cosa haber perdido á mi cunegunda, y ser espetado en un asador por unos orejones. cacambo, que nunca se alteraba por nada, dixo al desconsolado candido: no se aflija vm., que yo entiendo algo el guirigay de estos pueblos, y les voy á hablar. no dexes de representarles, dixo candido, que es una inhumanidad horrible el cocer la gente en agua hirviendo, y accion de mal cristiano. efectivamente el derecho natural enseña á matar al próxîmo, y así es estilo en todo el mundo: y si no exercitamos nosotros el derecho de comérnoslos, consiste en que tenemos otros manjares con que regalarnos; pero vosotros no estais en el mismo caso, y cierto vale mas comerse á sus enemigos, que abandonar á los cuervos y las cornejas el fruto de la victoria. yo soy nacido en vuestro mismo pais; este señor que estais viendo es mi amo, y léjos de ser jesuita, acaba de matar á un jesuita, y se ha traído los despojos: este es el motivo de vuestro error.
para verificar lo que os digo, coged su sotana, llevadla á la primera barrera del reyno de los padres, é informaos si es cierto que mi amo ha muerto á un jesuita. poco tiempo será necesario, y luego nos podeis comer, si averiguais que es mentira; pero si os he dicho la verdad, harto bien sabeis los principios de derecho público, la moral y las leyes, para que nos hagais mal.
pareció justa la proposicion á los orejones, y comisionáron á dos prohombres para que con la mayor presteza se informaran de la verdad: los diputados desempeñáron su comision con mucha sagacidad, y volvieron con buenas noticias. no se hartaba candido de pasmarse del motivo porque le habían puesto en libertad. ¡qué pueblo, decia, qué gente, qué costumbres! si no hubiera tenido la fortuna de atravesar de una estocada de parte á parte al hermano de mi baronesita, me comian sin mas remision. verdad es que la naturaleza pura es buena, quando en vez de comerme me lian agasajado tanto estas gentes, así que han sabido que no era jesuita. _cuéntase el arribo de candido con su criado al pais del dorada, y lo que alli viéron. los caballos se muriéron de cansancio; se les acabáron las provisiones; y se mantuviéron por espacio de un mes con frutas silvestres. al cabo se halláron á orillas de un riachuelo poblado de cocos, que les conserváron la vida y la esperanza. el río se iba continuamente ensanchando, y al cabo se encañaba baso una bóveda de espantables breñas que escalaban el cielo. tuviéron ámbos caminantes la osadía de dexarse arrastrar de las olas debaxo de esta bóveda; y el río, que en este sitio se estrechaba, se los llevó con horroroso estrépito y no vista velocidad.
al cabo de veinte y quatro horas viéron otra vez la luz; pero la canoa se hizo añicos en los baxíos, y tuviéron que andar á gatas de uno en otro peñasco una legua entera: finalmente avistáron un inmenso horizonte cercado de inaccesibles montañas. todo el pais estaba cultivado no ménos para recrear el gusto que para satisfacer las necesidades; en todas paftes lo útil se maridaba con lo agradable; víanse los caminos reales cubiertos, ó por mejor decir ornados de carruages deforma elegante y luciente materia, y dentro mugeres y hombres de peregrina hermosura: tiraban con raudo paso de estos carruages unos avultados carneros encarnados, muy mas ligeros que los mejores caballos de andalucía, tetuan y mequinez. mejor tierra es esta, dixo candido, que la vesfalia; y se apeó con cacambo en el primer lugar que topó. algunos muchachos de la aldea, vestidos de tisú de oro hecho pedazos, estaban jugando al tejo á la entrada del lugar; nuestros dos hombres del otro mundo se divertian en mirarlos. eran los tejos unas piezas redondas muy anchas, amarillas, encarnadas y verdes, que despedian mucho brillo: cogiéron algunas, y eran oro, esmeraldas y rubíes, de tanto valor que el de ménos precio hubiera sido la mas rica joya del trono del gran mogol. estos muchachos, dixo cacambo, son sin duda los infantes que estan jugando al tejo.
en esto se asomó el maestro de primeras letras del lugar, y dixo á los muchachos que ya era hora de entrar en la escuela. ese es, dixo candido, el preceptor de la familia real. los chicos del lugar abandonáron al punto el juego, y tiráron los tejos, y quanto para divertirse les habia servido. cogiólos candido, y acercándose á todo correr al preceptor, se los presentó con mucha humildad, diciéndole por señas que sus altezas reales se habian dexado olvidado aquel oro y aquellas piedras preciosas. los caminantes se diéron priesa á coger el oro, los rubíes y las esmeraldas. ¿donde estamos? decia candido: menester es que esten bien educados los infantes de este pais, pues así los enseñan á no hacer caso del oro ni las piedras preciosas. no estaba cacambo ménos atónito que candido. al fin se llegáron á la primera casa del lugar, que tenia trazas de un palacio de europa; á la puerta habia agolpada una muchedumbre de gente, y mas todavía dentro: oíase resonar una música melodiosa, y se respiraba un delicioso olor de exquisitos manjares.
arrimóse cacambo á la puerta, y oyó hablar peruano, que era su lengua materna; pues ya sabe todo el mundo que cacambo era hijo de tucuman, de un pueblo donde no se conocia otro idioma. al punto dos mozos y dos criadas del meson, vestidos de tela de oro, y los cabellos prendidos con lazos de lo mismo, los convidaron á que se sentaran á mesa redonda. sirviéron en ella quatro sopas con dos papagayos cada una, un buytre cocido que pesaba doscientas libras, dos monos asados de un sabor muy delicado, trescientos colibríes en un plato, y seiscientos páxaros-moscas en otro, exquisitas frutas, y pastelería deliciosa, todo en platos de cristal de roca; y los mozos y sirvientas del meson escanciaban varios licores sacados de la caña de azúcar. la mayor parte de los comensales eran mercaderes y carruageros, todos de una urbanidad imponderable, que con la mas prudente circunspeccion hiciéron á cacambo algunas preguntas, y respondiéron á las de este, dexándole muy satisfecho de sus respuestas. quando se acabó la comida, cacambo y candido créyeron que pagaban muy bien el gasto, tirando en la mesa dos de aquellas grandes piezas de oro que habian cogido; pero soltarón la carcajada el huésped y la huéspeda, y no pudiéron durante largo rato contener la risa: al fin se serenáron, y el huésped les dixo: bien vemos, señores, que son vms.
extrangeros; y como no estamos acostumbrados á ver ninguno, vms. perdonen si nos hemos echado á reir quando nos han querido pagar con las piedras de nuestros caminos reales. no tienen moneda del pais, pero tampoco se necesita para comer aquí, porque todas las posadas establecidas para comodidad del comercio las paga el gobierno. mal, porque estan en una pobre aldea; pero en las demas partes los recibirán como se merecen. explicaba cacambo á candido todo quanto decia el huésped, y lo escuchaba candido con tanto pasmo y maravilla como tenia en decírselo su amigo cacambo.
¿pues qué pais es este, decían ambos, ignorado de todo lo demas de la tierra, y donde la naturaleza entera tanto de la nuestra se diferencia? es regular que este sea el pais donde todo está bien, añadia candido, que alguno ha de haber de esta especie; y diga lo que quiera maese panglós, muchas veces he advertido que todo iba mal en vesfalia. _donde se da cuenta de lo que en el pais del dorado viéron. candido representaba la segunda persona, y acompañaba á su criado. entráron ámbos en una casa sin pompa, porque las puertas no eran mas que de plata, y los techos de los aposentos de oro, pero con tan fino gusto labrados, que con los mas ricos techos podian entrar en cetejo; la antesala solamente en rubíes y esmeraldas estaba embutida, pero el órden con que estaba todo colocado resarcia esta excesiva simplicidad. recibió el anciano á los dos extrangeros en un sofá de plumas de colibrí, y les ofreció varios licores en vasos de diamante, y luego satisfizo su curiosidad en estos términos.
yo tengo ciento setenta y dos años, y mi difunto padre, caballerízo del rey, me contó las asombrosas revoluciones del perú, que habia el presenciado. el reyno donde estamos es la antigua patria de los incas, que cometiéron el disparate de abandonarla por ir á sojuzgar parte del mundo, y que al fin destruyéron los españoles. mas prudentes fuéron los príncipes de su familia que permaneciéron en su patria, y por consentimiento de la nacion dispusiéron que no saliera nunca ningun habitante de nuestro pequeño reyno: lo qual ha mantenido intacta nuestra inocencia y felicidad. los españoles han tenido una confusa idea de este pais, que han llamado _el dorado_; y un inglés, nombrado el caballero raleigh, llegó aquí cerca unos cien años hace; mas como estamos rodeados de intransitables breñas y simas espantosas, siempre hemos vivido exentos de la rapacidad europea, que con la insaciable sed que los atormenta de las piedras y el lodo de nuestra tierra, hubieran acabado con todos nosotros sin dexar uno vivo.
fué larga la conversacion, y se trató en ella de la forma de gobierno, de las costumbres, de las mugeres, de los teatros y de las artes; finalmente candido, que era muy adicto á la metafísica, preguntó, por medio de cacambo, si tenian religion los moradores. otra vez se abochornó el viejo, y le replicó: ¿acaso puede haber dos religiones? nuestra religion es la de todo el mundo: adoramos á dios noche y dia. ¿y no adorais mas que un solo dios? repuso cacambo, sirviendo de intérprete á las dudas de candido. como si hubiera dos, ó tres, ó quatro, dixo el anciano: vaya, que las personas de vuestro mundo hacen preguntas muy raras. no se hartaba candido de preguntar al buen viejo, y queria saber qué era lo que pedian á dios en el dorado. no le pedimos nada, dixo el respetable y buen sabio, y nada tenemos que pedirle, pues nos ha dado todo quanto necesitamos; pero le tributamos sin cesar acciones de gracias. a candido le vino la curiosidad de ver los sacerdotes, y preguntó donde estaban; y el venerable anciano le dixo sonriéndose: amigo mio, aquí todos somos sacerdotes; el rey y todas las cabezas de familia cantan todas las mañanas solemnes cánticos de acciones de gracias, que acompañan cinco ó seis mil músicos.
estaba candido como extático oyendo estas razones, y decia para sí: muy distinto pais es este de la vesfalia, y de la quinta del señor baron; si hubiera visto nuestro amigo panglós el dorado, no diria que la quinta de tunder-ten-tronck era lo mejor que habia en la tierra. acabada esta larga conversacion, hizo el buen viejo poner un coche tirado de seis carneros, y dió á los dos caminantes doce de sus criados para que los llevaran á la corte. perdonad, les dixo, si me priva mi edad de la honra de acompañaros; pero el rey os agasajará de modo que quedeis gustosos, y sin duda disculparéis los estilos del pais, si alguno de ellos os desagrada. montáron en coche candido y cacambo; los seis carneros iban volando, y en ménos de quatro horas llegáron al palacio del rey, situado á un extremo de la capital. la puerta principal tenia doscientos y veinte piés de alto, y ciento de ancho, y no es dable decir de qué materia era; mas bien se echa de ver quan portentosas ventajas sacaria á los pedruscos y la arena que llamamos nosotros oro y piedras preciosas.
al apearse candido y cacambo del coche, fuéron recibidos por veinte hermosas doncellas de la guardia real, que los lleváron al baño, y los vistiéron de un ropage de plumion de colibrí; luego los principales oficiales y oficialas de palacio los conduxéron al aposento de su magestad, entre dos filas de mil músicos cada una, como era estilo.
quando estuviéron cerca de la sala del trono, preguntó cacambo á uno de los oficiales principales como habian de saludar á su magestad; si hincados de rodillas ó postrados al suelo; si habian de poner las manos en la cabeza ó en el trasero; si habian de lamer el polvo de la sala; finalmente quales eran las ceremonias. la práctica, dixo el oficial, es dar un abrazo al rey, y besarle en ámbas mexillas. abalanzáronse pues candido y cacambo al cuello de su magestad, el qual correspondió con la mayor afabilidad, y los convidó cortesmente á cenar. entre tanto les enseñáron la ciudad, los edificios públicos que escalaban las nubes, las plazas de mercado ornadas de mil colunas, las fuentes de agua clara, las de agua rosada, las de licores de caña, que sin parar corrian en vastas plazas empedradas con una especie de piedras preciosas que esparcian un olor parecido al del clavo y la canela. quiso candido ver la sala del crimen y el tribunal, y le dixéron que no los habia, porque ninguno litigaba: se informó si habia cárcel, y le fué dicho que no; pero lo que mas extrañó y mas satisfaccion le causó, fué el palacio de las ciencias, donde vió una galería de dos mil pasos, llena toda de instrumentos de física y matemáticas. habiendo andado en toda aquella tarde como la milésima parte de la ciudad, los traxéron de vuelta á palacio. candido se sentó á la mesa entre su magestad, su criado cacambo, y muchas señoras; y no se puede ponderar lo delicado de los manjares, ni los dichos agudos que de boca del monarca se oían.
cacambo le explicaba á candido los donayres del rey, y aunque traducidos todavía eran donayres; y de todo quanto pasmó á candido, no fué esto lo que le dexó ménos pasmado. un mes estuviéron en este hospicio. candido decia continuamente á cacambo: ello es cierto, amigo mio, que la quinta donde yo nací no se puede comparar con el pais donde estamos; pero al cabo mi cunegunda no habita en él, y sin duda que tampoco á tí te faltará en europa una que bien quieras. si nos quedamos aquí, serémos uno de tantos; y si damos vuelta á nuestro mundo no mas que con una docena de carneros cargados de piedras del dorado, serémos mas ricos que todos los monarcas juntos, no tendrémos que tener miedo á inquisidores, y con facilidad podrémos cobrar á la baronesita. este razonamiento petó á cacambo: tal es la manía de correr mundo, de ser tenido entre los suyos, de hacer alarde de lo que ha visto uno en sus viages, que los dos afortunados se determináron á dexarlo de ser, y á despedirse de su magestad. haceis un disparate, les dixo el rey: bien se que mi pais vale poco; mas quando se halla uno medianamente bien en un sitio, se debe estar en él. yo no tengo por cierto derecho para detener á los extrangeros, tiranía tan opuesta á nuestra práctica como á nuestras leyes.
todo hombre es libre, y os podeis ir quando quisiéreis; pero es muy ardua empresa el salir de este pais: no es posible subir el raudo río por el qual habeis venido por milagro, y que corre baxo bóvedas de peñascos; las montañas que cercan mis dominios tienen quatro mil varas de elevacion, y son derechas como torres; su anchura coge un espacio de diez leguas, y no es posible baxarlas como no sea despeñándose. pero, pues estais resueltos á iros, voy á dar órden á los intendentes de máquinas para que hagan una que os pueda transportar con comodidad; y quando os hayan conducido al otro lado de las montañas, nadie os podrá acompañar; porque tienen hecho voto mis vasallos de no pasar nunca su recinto, y no son tan imprudentes que le hayan de quebrantar: en quanto á lo demás, pedidme lo que mas os acomode. no pedimos que vuestra magestad nos dé otra cosa, dixo cacambo, que algunos carneros cargados de víveres, de piedras y barro del pais. rióse el rey, y dixo: no se qué, pasion es la que tienen vuestros europeos á nuestro barro amarillo; llévaos todo el que querais, y buen provecho os haga. inmediatamente dió órden á sus ingenieros que hicieran una máquina para izar fuera del reyno á estos dos hombres extraordinarios: tres mil buenos físicos trabajáron en ella, y se concluyó al cabo de quince dias, sin costar arriba de cien millones de duros, moneda del pais.
metiéron en la máquina á candido y á cacambo: dos carneros grandes encarnados tenian puesta la silla y el freno para que montasen en ellos así que hubiesen pasado los montes, y los seguian otros veinte cargados de víveres, treinta con preseas de las cosas mas curiosas que en el pais habia, y cincuenta con oro, diamantes, y otras piedras preciosas.
el rey dió un cariñoso abrazo á los dos vagamundos. habiéndolos dexado en parage seguro, se despidiéron de ellos los físicos; y candido no tuvo otro hipo ni otra idea que ir á presentar sus carneros á la baronesita. a bien que llevamos, decia, con que pagar al gobernador de buenos-ayres, si es dable poner precio á mi cuncgunda: vamos á la isla de cayena, embarquémonos, y luego verémos qué reyno habernos de poner en ajuste. _de los sucesos de surinam, y del conocimiento que hizo candido de martin. el enamorado candido grabó el nombre de cunegunda en las cortezas de los árboles. a la segunda jornada se atolláron en pantanos dos carneros, y pereciéron con la carga que llevaban; otros dos se muriéron de cansancio algunos dias despues; luego pereciéron de hambre de siete á ocho en un desierto; de allí á algunos dias se cayéron otros en unas simas: por fin á los cien dias de viage no les quedáron mas que dos carneros.
candido dixo á cacambo: ya ves, amigo, que deleznables son las riquezas de este mundo; nada hay sólido, como no sea la virtud, y la dicha de volver á ver á cunegunda. confiéselo así, dixo cacambo; pero todavía tenemos dos carneros con mas tesoros que quantos podrá poseer el rey de españa, y desde aquí columbro una ciudad, que presumo que ha de ser surinam, colonia holandesa. al término de nuestras miserias tocamos, y al principio de nuestra ventura. en las inmediaciones del pueblo encontráron á un negro tendido en el suelo, que no tenia mas que la mitad de su vestido, esto es de unos calzoncillos de lienzo crudo azul, y al pobre le faltaba la pierna izquierda y la mano derecha.
¿ha sido por ventura el señor vanderdendur quien tal te ha parado? dixo candido. sí, señor, respondió el negro; así es práctica: nos dan un par de calzoncillos de lienzo dos veces al año para que nos vistamos; quando trabajamos en los ingenios de azúcar, y nos coge un dedo la piedra del molino, nos cortan la mano; quando nos queremos escapar, nos cortan una pierna: yo me he visto en ámbos casos, y á ese precio se come azúcar en europa; puesto que quando en la costa de guinea me vendió mi madre por dos escudos patagones, me dixo: hijo querido, da gracias á nuestros fetiches, y adóralos sin cesar, para que vivas feliz; ya logras de ellos la gracia de ser esclavo de nuestros señores los blancos, y de hacer afortunados á tu padre y á tu madre. yo no se ¡ay! si los he hecho afortunados; lo que se es que ellos me han hecho muy desdichado, y que los perros, los monos y los papagayos lo son mil veces ménos que nosotros. los fetiches holandeses que me han convertido, dicen que los blancos y los negros somos todos hijos de adan.
yo no soy genealogista, pero si los predicadores dicen la verdad, todos somos primos hermanos; y cierto que no es posible portarse de un modo mas horroroso con sus propios parientes. vertia lágrimas al decirlo contemplando al negro, y entró llorando en surinam. lo primero que preguntáron fué si habia en el puerto algun navío que se pudiera fletar para buenos-ayres. el hombre á quien se lo preguntáron era justamente un patron español que les ofreció ajustarse en conciencia con ellos, y les dió cita en una hostería, adonde candido y cacambo le fuéron á esperar con sus carneros. candido que llevaba siempre el corazon en las manos contó todas sus aventuras al español, y le confesó que queria robar á la baronesita cunegunda. ni mas ni ménos; que la hermosa cunegunda es la dama en privanza de su excelencia. este dicho fué una puñalada en el corazon de candido: lloró amalgamente, y despues de su llanto, llamando aparte á cacambo, le dixo: escucha, querido amigo, lo que tienes que hacer; cada uno de nosotros lleva en el bolsillo uno ó dos millones de pesos en diamantes, y tu eres mas astuto que yo: vete á buenos-ayres, en busca de cunegunda. si pone el gobernador alguna dificultad, dale cien mil duros; si no basta, dale doscientos mil: tu no has muerto á inquisidor ninguno, y nadie te perseguirá. parecióle bien á cacambo tan prudente determinacion, puesto que sentia á par de muerte haberse de separar de amo tan bueno; pero la satisfaccion de servirle pudo mas con el que el sentimiento de dexarle.
abrazáronse derramando muchas lágrimas; candido le encomendó que no se olvidara de la buena vieja; y cacambo se partió aquel mismo dia: el tal cacambo era un excelente sugeto. detúvose algún tiempo candido en surinam, esperando á que hubiese otro patron que le llevase á italia con los dos carneros que le habian, quedado. tomó criados para su servicio, y compró todo quanto era necesario para un viage largo; finalmente se le presentó el señor vanderdendur, armador de una gruesa embarcacion. toma, dixo en voz baxa el mercader, ¿con que da veinte mil duros con la misma facilidad que diez mil? otra vez volvió, y dixo que no le podia llevar á venecia si no le daba treinta mil duros. ha, ha, murmuró el holandés, treinta mil duros no le cuestan nada á este hombre; sin duda que en los dos carneros lleva inmensos tesoros: no insistamos mas; hagamos que nos pague los treinta mil duros, y luego verémos. vendió candido dos diamantes, que el mas chico valia mas que todo quanto dinero le habia pedido el patron, y le pagó adelantado. estaban ya embarcados los dos carneros, y seguia candido de léjos en una lancha para ir al navío que estaba en la rada; el patron se aprovecha de la ocasion, leva anclas, y sesga el mar llevando el viento en popa.
en breve le pierde de vista candido confuso y desatentado. vuélvese á la playa anegado en su dolor, y habiendo perdido lo que bastaba para hacer ricos á veinte monarcas. lo primero que hizo el juez fué condenaile á pagar diez mil duros por la bulla que habia metido: oyóle luego con mucha pachorra, le prometió que exâmininaria el asunto así que voliera el mercader, y exîgió otros diez mil duros por los derechos de audiencia.
esta conducta acabó de desesperar á candido; y aunque á la verdad habia padecido otras desgracias mil veces mas crueles, la calma del juez y del patron que le habia robado le exâltaron la cólera, y le ocasionáron una negra melancolía. presentábase á su mente la maldad humana con toda su disformidad, y solo pensamientos tristes revolvia. finalmente estando para salir para burdeos un navío francés, y no quedándole carneros cargados de diamantes que embarcar, ajustó en lo que valia un camarote del navío, y mandó pregonar en la ciudad que pagaba el viage y la manutencion, y daba dos mil duros á un hombre de bien que le quisiera acompañar, con la condición de que fuese el mas descontento de su suerte, y el mas desdichado de la provincia. presentóse una cáfila tal de pretendientes, que no hubieran podido caber en una esquadra. queriendo candido escoger los que mejor educados parecian, señaló hasta unos veinte que le parecieron mas sociables, y todos pretendían que merecían la preferencia. reuniólos en su posada, y los convidó á cenar, poniendo por condicion que hiciese cada uno de ellos juramento de contar con sinceridad su propia historia, y prometiendo escoger al que mas digno de compasion y mas descontento con justicia de su suerte le pareciese, y dar á los demas una gratificacion. duró la sesion hasta las quatro de la madrugada; y al oir sus aventuras ó desventuras se acordaba candido de lo que le habia dicho la vieja quando iban á buenos-ayres, y de la apuesta que habia hecho de que no habia uno en el navío á quien no hubiesen acontecido gravísimas desdichas.
a cada lástima que contaban, pensaba en panglós, y decia: el tal panglós apurado se habia de ver para demostrar su sistema: yo quisiera que se hallase aquí. finalmente se determinó enfavor de un hombre docto y pobre, que habia trabajado diez años para los libreros de amsterdan, creyendo que no habia en el mundo oficio que mas aperreado traxese al que le exercitaba. fuera de eso este docto sugeto, que era hombre de muy buena pasta, habia sido robado por su muger, aporreado por su hijo, y su hija le habia abandonado, y se habia escapado con un portugués. le acababan de quitar un miserable empleo con el qual vivia, y le perseguian los predicantes de surinam, porque le tachaban de sociniano. hase de confesar que los demas eran por lo menós tan desventurados como él; pero candido esperaba que con el docto se aburriria ménos en el viage.
todos sus competidores se quejáron de la injusticia manifiesta de candido; mas este los calmó repartiendo cien duros á cada uno. ambos habian visto y habian padecido mucho; y aun quando el navío hubiera ido de surinam al japon por el cabo de buena esperanza, no les hubiera en todo el viage faltado materia para discurrir acerca del mal físico y el mal moral. verdad es que candido le sacaba muchas ventajas á martin, porque llevaba la esperanza de ver á su cunegunda, y martin no tenia cosa ninguna que esperar: y le quedaba oro y diamantes; de suerte que aunque habia perdido cien carneros grandes cargados de las mayores riquezas de la tierra, y aunque le escarbaba continuamente la bribonada del patron holandés, todavía quando pensaba en lo que aun llevaba en su bolsillo, y hablaba de cunegunda, con especialidad después de comer, se inclinaba al sistema de panglós. ese es cuento, replicó candido, que ya no hay maniquéos en el mundo. pues yo en el mundo estoy, dixo martin, y es la realidad que no está en mi creer otra cosa. el diablo en el cuerpo, repuso candido. tanto papelea en este mundo, dixo martin, que muy bien puede ser que esté en mi cuerpo lo mismo que en otra parte. confieso que quando tiendo la vista por este globo ó glóbulo, se me figura que le ha dexado dios á disposicion de un ser maléfico, exceptuando el dorado.
aun no he visto un pueblo que no desee la ruina del pueblo inmediato, ni una familia que no quisiera exterminar otra familia. en todas partes los menudos exêcran de los grandes, y se postran á sus plantas; y los grandes los tratan como viles rebaños, desollándolos y comiéndoselos. un millon de asesinos en regimientos andan corriendo la europa entera, saqueando y matando con disciplina, porque no saben oficio mas honroso; en las ciudades que en apariencia disfrutan la paz, y en que florecen las artes, estan roidos los hombres de mas envidia, inquietudes y afanes, que quantas plagas padece una ciudad sitiada.
todavía son mas crueles los pesares secretòs que las miserias públicas; en una palabra, he visto tanto y he padecido tanto, que soy maniquéo. en esta disputa estaban quando se oyéron descargas de artillería. de uno en otro instante crecia el estruendo, y todos se armáron de un anteojo. martin y candido distinguiéron con mucha claridad en el combes de la nave que zozobraba unos cien hombres que todos alzaban las manos al cielo dando espantosos gritos; en un punto se los tragó á todos la mar. verdad es, dixo candido, que anda aquí la mano del diablo. diciendo esto, advirtió cierta cosa de un encarnado muy subido, que nadaba junto al navio; echáron la lancha para ver que era, y era uno de sus carneros. mas se alegró candido con haber recobrado este carnero, que lo que habia sentido la pérdida de ciento cargados todos de diamantes gruesos del dorado. con el pirata se hundiéron en el mar las inmensas riquezas de que se habia apoderado el infame, y solo se libertó un carnero.
, dixo candido á maitin, que á veces llevan los delitos su merecido: este pícaro de patrón holandés ha sufrido la pena digna de sus maldades. está bien, dixo martin, pero ¿porqué han muerto los pasageros que venian en su navío? dios ha castigado al malo, y el diablo ha ahogado á los buenos. seguían en tanto su derrota el navío francés y el español, y candido en sus conversaciones con martin. quince dias sin parar disputáron, y tan adelantados estaban el último como el primero; pero hablaban, se comunicaban sus ideas, y se consolaban. _donde se da cuenta de la plática de candido y martín, al acercarse á las costas de francia. sí, señor, respondió martin, y he corrido muchas provincias: en unas la mitad de los habitantes son locos, en otras muy retrecheros, en estas bastante bonazos y bastante tontos, y en aquellas lo dan por ladinos. en todas la ocupacion principal es enamorar, murmurar la segunda, y la tercera decir majaderías. estuve poco tiempo; al llegar, me robáron quanto traía unos rateros en la plaza de san german; luego me reputáron á mi por ladron, y me tuviéron ocho dias en la cárcel; y al salir libre entré como corrector en una imprenta, para ganar con que volverme á pié á holanda.
he conocido la canalla escritora, la canalla enredadora, y la canalla convulsa. dicen que hay algunas personas muy cultas en este pueblo, y creo que así será. yo por mi no tengo hipo ninguno por ver la francia, dixo candido; bien puede vm. considerar que quien ha vivido un mes en el dorado no se cura de ver cosa ninguna de este mundo, como no sea cunegunda.? con mil amores, respondió martin; dicen que venecia solo para los nobles venecianos es buena, puesto que hacen mucho agasajo á los extrangeros que llevan mucho dinero: yo no le tengo, pero vm. que la tierra haya sido antiguamente mar, como lo afirma aquel libro gordo que es del capitan del buque? no por cierto, replicó martin, como ni tampoco los demas adefesios que nos quieren hacer tragar de algun tiempo acá.
para hacernos dar al diablo, respondió martin.? muy léjos de eso, repuso martin; no veo que tenga nada de extraño esa pasion, y he visto tantas cosas extraordinarias, que nada se me hace extraordinario. que las de los hombres hayan ariado? no, dixo candido, eso es muy diferente porque el libre albedrío. lo único que sintió fué tenerse que separar de su carnero, que dexó á la academia de ciencias de burdeos, la qual propuso por asunto del premio de aquel año determinar porque la lana de aquel carnero era encarnada; y se le adjudicó á un docto del norte, que demostró por a mas b, ménos c dividido por z, que era forzoso que fuera aquel carnero encarnado, y que se muriese de la moniña.
todos quantos caminantes topaba candido en los mesones le decian: vamos á paris. este general prurito le inspiró al fin deseos de ver esta capital, en lo qual no se desviaba mucho de la dirección de venecia. entró por el arrabal de san marcelo, y creyó que estaba en la mas sucia aldea de vesfalia. apénas llegó á la posada, le acometió una ligera enfermedad originada del cansancio; y como llevaba al dedo un enorme diamante, y habian advertido en su coche una caxa muy pesada, al punto se le acercáron dos doctores médicos que no habia mandado llamar, varios íntimos amigos que no se apartaban de él, y dos devotas mugeres que le hacian caldos. decia martin: bien me acuerdo de haber estado yo malo en paris, quando mi primer viage; pero era muy pobre, y así ni tuve amigos, ni devotas, ni médicos, y sané muy presto. habia juego fuerte, y candido se pasmaba de que nunca le venian, buenos naypes; pero martin no lo extrañaba. entre los que mas concurrian á su casa habia un cierto abate, que era de aquellos hombres diligentes, siempre listos para todo quanto les mandan, serviciales, entremetidos, halagüeños, descarados, buenos para todo, que atisban á los forasteros que llegan á la capital, les cuentan los sucesos mas escandalosos que acontecen, y les brindan con placeres á qualquier precio.
representaban una tragedia nueva, y candido se encontró al lado de unos quantos hypercríticos, lo qual no le quitó que llorase al ver algunas escenas representadas con la mayor perfeccion. uno de los hypercríticos que junto á el estaban, le dixo en un entre-acto: hace vm. muy mal en llorar; esa comedianta es malísima, y el que representa con ella peor todavía, y peor la tragedia que los actores: el autor no sabe palabra de arábigo, y ha puesto la escena en la arabia; sin contar con que es hombre que cree que no hay ideas innatas: mañana le traeré á vm.
salió candido muy satisfecho con una cómica que hacia el papel de la reyna isabel de inglaterra, en una tragedia muy insulsa que algunas veces se representa. mucho me gusta esta actriz, le dixo á martin, porque se da ayre á cunegunda; mucho gusto tendria en hacerle una visita. candido criado en alemania preguntó qué ceremonias eran las que se estilaban en francia para tratar con las reynas de inglaterra. distingo, dixo el abate: en las provincias las llevan á comer á los mesones, en paris las respetan quando son bonitas, y las tiran al muladar después de muertas. verdad es, dixo martin; razon tiene el señor abate: en paris estaba yo quando la señora monima pasó, como dicen, de esta á mejor vida, y le negáron lo que esta gente llama _sepultura en tierra santa_, lo qual significa podrirse con toda la pobretería de la parroquia en un hediondo cementerio, y la enterráron sola y señera en un rincon de su jardin, lo qual le causó sin duda muchísima pesadumbre, porque tenia muy hidalgos pensamientos. accion de mala crianza fué en efecto, dixo candido. todas las contradicciones, y todas las incompatibilidades posibles, y las hallará reunidas en el gobierno, en los tribunales, en las iglesias, y en los espectáculos de esta donosa nacion. ¿y es cierto que en paris se ríe la gente de todo? verdad es, dixo el abate, pero se ríen dándose al diablo; se lamentan de todo dando careajadas de risa; y riéndose se cometen las mas detestables acciones.
¿quién es, dixo candido, aquel marrano que tan mal hablaba de la tragedia que tanto me ha hecho llorar, y de los actores que tanto gusto me han dado? un malandrin, respondió el abate, que gana la vida hablando mal de todas las composiciones dramáticas y de todos los libros que salen; que aborrece á todo aquel que es aplaudido, como aborrecen los eunucos á los que gozan; una sierpe de la literatura, que vive de ponzoña y cieno; un folletista. así discurrian candido, martin y el abate en la escalera del coliseo, miéntras que iba saliendo la gente, concluida la comedia. puesto que tengo muchísimos deseos de ver á cunegunda, dixo candido, bien quisiera cenar con la primera trágica, que me ha parecido un portento. no era hombre el abate que tuviese entrada en casa de la tal primera actriz, que solo recibia sugetos del mas fino trato. candido, que naturalmente era amigo de saber, se dexó llevar á casa de la tal señora: estaban ocupados los tertulianos en jugar á la banca, y doce tristes apuntes tenian en la mano cada uno un juego de naypes, archivo de su mala ventura. reynaba un profundo silencio; teñido estaba el semblante de los apuntes de una macilenta amarillez, y se leía la zozobra en el del banquero; y la señora de la casa, sentada junto al despiadado banquero, con ojos de lince anotaba todos los parolis, y todos los sietelevares con que doblaba cada jugador sus naypes, haciéndoselos desdoblar con un cuidado muy escrupuloso, pero con cortesía y sin enfadarse, por temor de perder sus parroquianos.
llamábanla la marquesa de paroliñac; su hija, muchacha de quince años, era uno de los apúntes, y con un guiñar de ojos advertía á su madre las picardigüelas de los pobres apuntes que procuraban enmendar los rigores de la mala suerte. acercóse en esto el abate al oido de la marquesa, la qual se medio-levantó de la silla, honró á candido con una risita agraciada, y á martin haciéndole cortesía con la cabeza con magestuoso ademan; mandó luego que traxeran á candido asiento y una baraja, y este perdió en dos tallas diez mil duros. cenaron luego con mucha jovialidad, y todos estaban atónitos de que candido no sintiese mas lo que perdia. los lacayos en su idioma lacayuno se decían unos á otros: preciso es que sea un mylord inglés. la cena se parecia á casi todas las cenas de paris; primero mucho silencio, luego un estrépito de palabras que no se entendian, chistes luego, casi todos muy insulsos, noticias falsas, malos raciocinios, algo de política, y mucha murmuracion; despues habláron de obras nuevas.
pasáron luego á tratar de teatros, y el ama de casa preguntó porque habia ciertas tragedias que se representaban con freqüencia, y que nadie podia leer. un hombre de fino gusto que habia entre los convidados, explicó con mucha claridad como podia interesar una tragedia que tuviera poquísimo mérito, probando en breves razones que no bastaba traer por los cabellos una ó dos situacíones de aquellas que tan freqüentes son en las novelas, y siempre embelesan á los oyentes; que es menester novedad sin extravagancia, sublimidad á veces, y naturalidad siempre; conocer el corazon del hombre y el estilo de las pasiones; ser gran poeta, sin que parezca poeta ninguno de los interlocutores; saber con perfeccion su idioma, hablarle con pureza, y con harmonía continua, sin sacrificar nunca el sentido al consonante. todo aquel que no observare todas estas reglas, añadió, muy bien podrá componer una ó dos tragedias que sean aplaudidas en el teatro, mas nunca pasará plaza de buen escritor. escuchaba con mucha atención candido este razonamiento, y formó por él altísima idea del orador; y como había tenido la marquesa la atencion de colocarle á su lado, se tomó la licencia de preguntarle al oido quien era un hombre que tan de perlas hablaba.
ese es un docto, dixo la dama, que nunca apunta, y que me trae á cenar algunas veces el abate, que entiende perfectamente de tragedias y libros, y que ha compuesto una tragedia que silbáron, y un libro del qual un solo exemplar que me dedicó ha salido de la tienda de su librero. de dictámen de que todo está perfectamente en el mundo físico y en el moral, y de que nada podia suceder de otra manera? ¡yo, caballero! le respondió el docto; nada ménos que eso. todo me parece que va al revés en nuestro pais, y que nadie sabe ni qual es su estado, ni qual su cargo, ni lo que hace, ni lo que debiera hacer; y que excepto la cena que es bastante jovial, y donde la gente está bastante acorde, todo el resto del tiempo se consume en impertinentes contiendas; de jansenistas con motinistas, de parlamentarios con eclesiásticos, de literatos con literatos, de palaciegos con palaciegos, de alcabaleros y diezmeros con el pueblo, de mugeres con maridos, y de parientes con parientes; por fin una guerra perdurable. replicóle candido: cosas peores he visto yo; pero un sabio que despues tuvo la desgracia de ser ahorcado, me enseñó que todas esas cosas son dechado de perfecciones, y sombras de una hermosa pintura.
ese ahorcado se reía de la gente, dixo martin, y esas sombras sen manchas horrorosas, los hombres son los que echan esas manchas, dixo candido, y no pueden hacer ménos. bebian en tanto la mayor parte de los apuntes, que no entendian una palabra de la materia; martin discurria con el hombre docto, y candido contaba parte de sus aventuras al ama de la casa.
replicóle la marquesa con una amorosa sonrisa: vm. con toda mi alma, dixo candido, y la levantó del suelo. ahora quiero que me la ponga, continuó la dama, y candido se la puso. es extrangero: á mis amantes de paris los hago yo penar á veces quince dias seguidos, pero á vm. me rindo desde la primera noche, porque es menester tratar cortesmente á un buen mozo de vesfalia. la buena caña que había reparado en dos diamantes enormes de dos sortijas del extrangero buen mozo, tanto se los alabó, que de los dedos de candido pasáron á los de la marquesa. al volverse candido á su casa con el abate, sintió algunos remordimientos por haber cometido una infidelidad á cunegunda; y el señor abate tomó parte en su sentimiento, porque le habia cabido una muy pequeña en los diez mil duros perdidos por candido al juego, y en el valor de los dos brillantes, medio-dados y medio-estafados: y era su ánimo aprovecharse todo quanto pudiese de lo que el trato de candido le podía valer.
hablábale sin cesar de cunegunda, y candido le dixo que quando la viera en venecia, le pediria perdon de la infidelidad que acababa de cometer. cada dia estaba el abate mas cortés y mas atento, interesándole todo quanto decía candido, todo quanto hacia, y quanto quería hacer. aplazado por la baronesita para venecia? le dixo. llevado entónces del gusto de hablar de su amada, le contó, como era su costumbre, parte de sus aventuras con esta ilustre vesfaliana.
bien creo, dixo el abate, que esa señorita tiene mucho talento, y escribe muy bonitas cartas. nunca me ha escrito, dixo candido, porque se ha de figurar vm. que quando me echáron de la granja por amor de ella, no le pude escribir; que poco después supe que era muerta, que despues me la encontré, y la volví á perder, y que le he despachado un mensagero á dos mil y quinientas leguas de aquí, que aguardo con su respuesta. hubiera ido volando á echarme en sus brazos, si me pudiera menear.
pasado por burdeos, donde se ha quedado el fiel cacambo y la vieja, que llegarán muy en breve. el gobernador de buenos-ayres se ha quedado con todo quanto cacambo llevaba; pero el corazón de vm. fluctuante entre estos dos afectos, agarra á puñados el oro y los diamantes, y hace que le lleven con martin á la posada donde estaba cunegunda alojada: entra temblando con la ternura, latiéndole el corazon, y el habla interrumpida con sollozos; quiere descorrer las coitinas de la cama, y manda que traygan luz. entónces la enferma sacó fuera de la cama una mano muy suave que bañó candido un largo rato con lágrimas, y que llenó lurgo de diamantes, desando un saco de oro encima del taburete. en medio de sus arrebatos se aparece un alguacil acompañado del abate y de seis corchetes. no tratan de esta manera en el dorado á los forasteros, dixo candido. martin, que se habia recobrado del primer sobresalto, sospechó que la señora que se decia cnnegunda era una buscona, el señor abate un tunante que habia abusado del candor de candido, y el alguacil otro tuno de quien no era difícil desprenderse. por no exponerse á tener que lidiar con la justicia, y con el hipo que tenia de ver á la verdadera cunegunda, candido, por consejo de maitin, ofreció al alguacil tres diamantillos de tres mil duros cada uno.
ha, señor, le dixo el hombre de vara de justicia, aunque hubiera vm. cometido todos los delitos imaginables, seria el mas hombre de bien de este mundo. ¡tres diamantes de tres mil duros cada uno! la vida perderia yo por vm. todos los extrangeros son arrestados, pero déxelo por mi cuenta, que yo tengo mi hermano en diepe en la normandía, y le llevaré alla; y si tiene vm. algunos diamantes que darle, le tratará como yo propio.] y como otros muchos cometidos otros años y otros meses por andrajosos que habian oido decir disparates. entónces explicó el alguacil lo que habia apuntado el abate. ¿cómo se cometen tamañas atrocidades en un pueblo que canta y bayla? ¿quando saldré yo de este pais donde azuzan ximios á tigres? en mi pais he visto osos; solo en el dorado he visto hombres. había un buque holandés pequeño al ancla; y el normando, que con el cebo de otros tres diamantes era el mas servicial de los mortales, embarcó á candido y á su familia en el tal navío que iba á dar á la vela para portsmúa en inglaterra. no era camino para venecia; pero candido creyó que salía del infierno, y estaba resuelto a tabl á venecia luego que se le presentase ocasion.
cosa muy desatinada y muy abominable, respondió martin. que ámbas naciones estan en guerra por algunas aranzadas de nieve en el canadá, y por tan discreta guerra gastan mucho mas que lo que todo el canadá vale. diciendo esto aportáron á portsmúa: la orilla del mar estaba cubierta de gente que miraba con atencion á un hombre gordo [el almirante byng], hincado de rodillas, y vendados los ojos, en el combes de uno de los navíos de la esquadra. quatro soldados formados en frente le tiráron cada uno tres balas á la mollera con el mayor sosiego, y toda la asamblea se fué muy satisfecha. ¿qué quiere decir esto? dixo candido: ¿qué perverso demonio reyna en todas partes? preguntó quien era aquel hombre gordo que acababan de matar con tanta solemnidad. sin disputa, le dixéron; pero en esta tierra es conveniente matar de quando en quando algun almirante para dar mas ánimo á los otros. a cabo de dos dias estuvo listo el patrón.
con cacambo cuento lo mismo que conmigo propio. todo está bien, todo va bien y lo mejor que es posible. _que trata de fray hilarion y de paquita. todos los dias iba á informarse de todos los navíos y barcos, y nadie sabia de cacambo. ¡ha, quanto mas hubiera valido quedarme en aquel paraiso terrenal del dorado, que volver á esta maldita europa! razon tiene vm., amado martin; todo es mera ilusion y calamidad. que se olvide de cacambo y de su cunegunda. martin no era hombre que daba consuelos. crecia la melancolía de candido, y martin no se hartaba de probarle que eran muy raras la virtud y la felicidad sobre la tierra, excepto acaso en el dorado, donde ninguno podia entrar. sobre esta importante materia disputaban, miéntras venia cunegunda, quando reparó candido en un frayle francisco mozo, que se paseaba por la plaza de san marcos, llevando del brazo á una moza. el franciscano era robusto, fuerte, y de buenos colores, los ojos brillantes, la cabeza erguida, el continente reposado, y el paso sereno; la moza, que era muy linda, iba cantando, y miraba con enamorados ojos á su diaguino, el qual de quando en quando le pasaba la mano por la cara.
ménos en el dorado, no he encontrado hasta ahora en el mundo habitable mas que desventurados; pero apuesto á que esa moza y ese frayle son felicísimas criaturas. que no ha sido ménos adversa mi estrella. si no hubiera tenido lástima de mi un, médico famoso, me hubiera muerto; por agradecérselo, fui un poco de tiempo la querida del tal médico: y su muger, que estaba endiablada de zelos, me aporreaba sin misericordia todos los días. era ella una furia, el mas feo el de los hombres, y yo la mas sin ventura de las mugeres, aporreada sin cesar por un hombre á quien no podía ver., señor, los peligros que corre una muger vinagre que lo es de un médico: aburrido el mío de los rompimientos de cabeza de su muger, un dia para curarla de un resfriado le administró un remedio tan eficaz, que en menos de dos horas se murió en horrendas convulsiones.
los parientes de la difunta formáron causa criminal al doctor, el qual se escapó, y á mi me metiéron en la cárcel; y si no hubiera sido algo bonita, do me hubiera sacado á salvamento mi inocencia. el juez me declaró libre, con la condicion de ser el sucesor del médico; y muy en breve me sustituyó otra, y fuí despedida sin darme un quarto, y forzada á emprender este abominable oficio, que á vosotros los hombres os parece tan gustoso, y que para nosotras es un piélago de desventuras.
qué cosa tan inaguantable es halagar sin diferencia al negociante viejo, al letrado, al frayle, al gondolero, y al abate; estar expuesta á tanto insulto, á tantos malos tratamientos; verse á cada paso obligada á pedir prestado un guardapesillo para que se le remangue á una un hombre asqueroso; robada por este de lo que ha ganado con aquel, estafada por los alguaciles, y sin tener otra perspectiva que una horrible vejez, un hospital y un muladar, confesaria que soy la mas malbadada criatura de este mundo.
así descubria paquita su corazon al buen candido, en su gabinete, á presencia de martin, el qual dixo: ya llevo ganada, como vm. habíase quedado fray hilarion en la sala de comer, bebiendo un trago miéntras servian la comida. candido le dixo á paquita: pues si parecias tan alegre y tan contenta quando te encontré; si cantabas y halagabas al diaguino con tanta naturalidad, que te tuve por tan feliz como dices que eres desdichada. ayer me robó y me aporreó un oficial, y hoy tengo que fingir que estoy alegre para agradar á un frayle. no quiso candido oir mas, y confesó que martin tenia razón. sentáronse luego á la mesa con paquita y el frayle francisco; fué bastante alegre la comida, y de sobremesa habláron con alguna confianza. en su semblante brilla la salud y la robustez, su fisonomía indica el bien-estar, tiene una muy linda moza para su recreo, y me parece muy satisfecho con su hábito de diaguino. por dios santo, caballero, respondió fray hilarion, que quisiera que todos los franciscanos estuvieran en el quinto infierno, y que mil veces me han dado tentaciones de pegar fuego al convento, y de hacerme turco. el convento es un nido de zelos, de rencillas y de desesperacion. verdad es que por algunas malas misiones de quaresma que he predicado, me han dado algunos quartos, que la mitad me ha robado el guardian: lo restante me sirve para mantener mozas; pero quando por la noche entro en mi celda, me dan impulsos de romperme la cabeza contra las paredes, y lo mismo sucede á todos los demas religiosos.
sea lo que fuere, dixo candido, un consuelo tengo, y es que á veces encuentra uno gentes que creía no encontrar nunca; y muy bien, podrá suceder que después de haber topado á mi carnero encarnado y á paquita, me halle un dia de manos á boca con cunegunda. mucho deseo, dixo martin, que sea para la mayor felicidad de vm.; pero se me hace muy cuesta arriba. consiste en que he vivido mucho, replicó martin. esos gondoleros, dixo candido, que no cesan de cantar? pero no los ve vm. en su casa con sus mugeres y sus chiquillos, repuso martin.
sus pesadumbres tiene el dux, y los gondoleros las suyas. verdad es que pesándolo todo, mas feliz suerte que la del dux es la del gondolero; pero es tan poca la diferencia, que no merece la pena de un detenido exâmen. me han hablado, dixo candido, del senador pococurante, que vive en ese suntuoso palacio situado sobre el brenta, y que agasaja mucho á los forasteros; y dicen que es un hombre que nunca ha sabido qué cosa sea tener pesadumbre. mucho diera por ver un ente tan raro, dixo martin. sin mas dilación mandó candido á pedir licencia al señor pococurante para hacerle una visita el dia siguiente. _que da cuenta de la visita que hiciéron martin y candido al señor pococurante, noble veneciano. los jardines eran amenos y ornados con hermosas estatuas de mármol, el palacio de magnífica fábrica, y el dueño un hombre como de sesenta años, y muy rico.
al instante dos muchachas bonitas y muy aseadas sirviéron el chocolate: candido no pudo ménos de elogiar sus gracias y su hermosura. no son malas chicas, dixo el senador; algunas veces mando que duerman conmigo, porque estoy aburrido de las señoras del pueblo, de su retrechería, sus zelos, sus contiendas, su mal genio, sus nimiedades, su vanidad, sus tonterías, y mas aun de los sonetos que tiene uno que hacer ó mandar hacer en elogio suyo: mas con todo ya empiezan á fastidiarme estas muchachas. son de rafael, dixo el senador, y las compré muy caras por vanidad, algunos años ha; dicen que son la cosa mas hermosa que tiene italia, pero á mi no me gustan: los colores son muy denegridos, las figuras no están bien perfiladas, ni salen lo bastante del plano; los ropages no se parecen en nada á la ropa de vestir; y en una palabra, digan lo que quisieren, yo no alcanzo á ver aquí una feliz imitacion de la naturaleza, y no daré mi aprobacion á un quadro hasta que me retrate la propia naturaleza; pero no los hay de esta especie.
yo tengo muchos, pero no miro á uno siquiera. bien puede este estruendo, dixo pococurante, divertir cosa de media hora; pero quando dura mas, á todo el mundo cansa, puesto que nadie se atreve á confesarlo. la música del dia no es otra cosa que el arte de executar cosas dificultosas, y lo que no es mas que difícil no gusta mucho tiempo. mas me agradaría la ópera, si no hubieran atinado con el arte de convertirla en un monstruo que me repugna.
vaya quien quisiere á ver malas tragedias en música, cuyas escenas no paran en mas que en traer al estricote dos ó tres ridiculas coplas donde lucen los gorgeos de una cantarina; saboréese otro en oir á un tiple tararear el papel de césar ó caton, y pasearse en afeminados pasos por las tablas: yo por mí, muchos años hace que no veo semejantes majaderías de que tanto se ufana hoy la italia, y que tan caras pagan los soberanos extrangeros. candido contradixo un poco, pero con prudencia; y martin fué en todo del dictámen del senador. este es el libro, dixo, que era las delicias de panglós, el mejor filósofo de alemania.
pues no es las mias, dixo con mucha frialdad pococurante: en otro tiempo me habían hecho creer que tenia mucho gusto en leerle; pero la repeticion no interrumpida de batallas que todas son parecidas, aquellos dioses siempre en accion, y que nunca hacen cosa ninguna decisiva; aquella helena, causa de la guerra, y que apénas tiene accion en el poema; aquella troya siempre sitiada, y nunca tomada: todo esto me causaba un fastidio mortal. algunas veces he preguntado á varios hombres doctos si los aburria esta lectura tanto como á mí; y todos los que hablaban sinceramente me han confesado que se les caía el libro de las manos, pero que era indispensable tenerle en su biblioteca, como un monumento de la antigüedad, ó como una medalla enmohecida que no es ya materia de comercio. no piensa así vueselencia de virgilio, dixo candido. convengo, dixo pococurante, en que el segundo, el quarto y el sexto libro de su eneyda son excelentes; mas por lo que hace á su pío eneas, al fuerte cloanto, al amigo acates, al niño ascanio, al tonto del rey latino, á la zafia amata, y á la insulsa lavinia, creo que no hay cosa mas fria ni mas desagradable: y mas me gusta el taso, y las novelas para arrullar criaturas del ariosto.
¿me hará su excelencia el gusto de decirme, repuso candido, si no le tiene muy grande en la lectura de horacio? máxîmas hay en él, dixo pococurante, que pueden ser útiles á un hombre de mundo, y que reducidas á enérgicos versos se graban con facilidad en la memoria; pero no me curo ni de su viage á brindis, ni de su descripcion de una mala comida, ni de la disputa digna de unos mozos de esquina entre no sé qué rupilo, cuyas razones, dice, _estaban llenas de podre_, y las de su contrincante _llenas de vinagre_. sus groseros versos contra viejas y hechiceras los he leido con mucho asco; y no veo qué mérito tiene decir á su amigo mecenas, que si le pone en el catálogo de poetas líricos, tocará á los astros con su erguida frente. a los tontos todo los maravilla en un autor apreciado; pero yo, que leo para mí solo, no apruebo mas que lo que me da gusto. candido, que se habia criado no juzgando de nada por sí propio, estaba muy atónito con todo quanto oía; y á martin le parecía el modo de pensar de pococurante muy conforme á razón. nunca le leo, respondió el veneciano. ¿qué tengo yo con que haya defendido á rabirio ó á cluencio? sobrados pleytos tengo sin esos que fallar. mas me hubieran agradado sus obras filosóficas; pero quando he visto que de todo dudaba, he inferido que lo mismo sabia yo que él, y que para ser ignorante á nadie necesitaba.
sí que lo habría, dixo pococurante, si uno de los autores de ese fárrago hubiese inventado siquiera el arte de hacer alfileres; pero en todos esos libros no se hallan mas que sistemas vanos, y ninguna cosa útil. lo que es esas recopilaciones de sermones que todos juntos no equivalen á una página de séneca, y todos esos librotes de teología, ya se presumen vms. reparó martin en unos estantes cargados de libros ingleses. bien creo, dixo, que un republicano se recrea con la mayor parte de estas obras con tanta libertad escritas. sí, respondió pococurante, bella cosa es escribir lo que se siente; que es la prerogativa del hombre. en nuestra italia toda solo se escribe lo que no se siente, y no son osados los moradores de la patria de los césares y los antoninos á concebir una idea sin la venia de un domínico. mucho me contentaria la libertad que á los ingenios ingleses inspira, si no estragaran la pasión y el espíritu de partido quantas dotes apreciables aquella tiene. reparando candido en un milton, le preguntó si tenia por un hombre sublime á este autor. ¿a quién? dixo pococurante: ¿á ese bárbaro que en diez libros de duros versos ha hecho un prolixo comento del génesis? ¿á ese zafio imitador de los griegos, que desfigura la creacion, y miéntras que pinta moises al eterno ser criando el mundo por su palabra, hace que coja el mesías en un armario del cielo un inmenso compás para trazar su obra? ¡yo, estimar á quien ha echado á perder el infierno y el diablo del taso; á quien disfraza á lucifer, unas veces de sapo, otras de pigmeo, le hace repetir cien veces las mismas razones, y disputar sobre teología; á quien imitando seriamente la cómica invencion de las armas de fuego del ariosto, representa á los diablos tirando cañonazos en el cielo! ni yo, ni nadie en italia ha podido gustar de todas esas tristes extravagancias.
las bodas del pecado y la muerte, y las culebras que pare el pecado provocan á vomitar á todo hombre de gusto algo delicado; y su prolixa descripcion de un hospital solo para un enterrador es buena. este poema obscuro, estrambótico y repugnante, fue despreciado en su cuna, y yo le trato hoy como le tratáron en su patria sus coetáneos. por lo demas, yo digo mi dictámen sin curarme de si los demas piensan como yo. candido estaba muy afligido con estas razones, porque respetaba á homero, y no le desagradaba milton. ¡ay! dixo en voz baxa á martin, mucho me temo que profese este hombre un profundo desprecio á nuestros poetas tudescos. hecho el escrutinio de todos los libros, baxáron al jardín, y candido alabó mucho todas sus preciosidades. no hay una cosa de peor gusto, dixo pococurante, aquí no tenemos otra cosa que fruslerías; bien es que mañana voy á disponer que me planten otro por un estilo mas noble. despidiéronse en fin ámbos curiosos de su excelencia, y al volverse á su casa dixo candido á martin: confiese vm. que el señor pococurante es el mas feliz de los humanos, porque es un hombre superior á todo quanto tiene., dixo martin, que está aburrido de quanto tiene? mucho tiempo ha que dixo platon que no son los mejores estómagos los que vomitan todos los alimentos. ¿pero no es un gusto, respondió candido, criticarlo todo, y hallar defectos donde los demas solo perfecciones encuentran? eso es lo mismo, replicó martin, que decir que es mucho gusto no tener gustos.
segun eso, dixo candido, no hay otro hombre feliz que yo, quando vuelva á ver á mi cunegunda. buena cosa es la esperanza, respondió martin. corrian en tanto los dias y las semanas, y cacambo no parecia, y estaba candido tan sumido en su pesadumbre, que ni siquiera notó que no habian venido á darle las gracias fray hilarion ni paquita. _que da cuenta de como candido y martin cenáron con unos extranjeros, y quien eran estos. á venirse con nosotros, y no se descuide. vuelve candido el rostro, conoce á cacambo; solo la vista de cunegunda le hubiera podido causar mas extrañeza y mas contento. preocupado candido de júbilo y sentimiento, gozoso por haber vuelto á ver á su fiel agente, atónito de verle esclavo, rebosando en la alegría de encontrar á su amada, palpitándole el pecho, y vacilante su razon, se sentó á la mesa con martin, el qual sin inmutarse contemplaba todas estas aventuras, y con otros seis extrangeros que habian venido á pasar el carnaval á venecia.
cacambo, que era el copero de uno de los extrangeros, arrimándose á su amo al fin de la comida, le dixo al oido: señor, vuestra magestad puede irse quando quisiere, que el buque está pronto; y se fué dichas estas palabras. entónces no dudáron candido ni martin de que era mogiganga de carnaval. el quarto criado dixo al quarto amo: vuestra magestad se podrá ir quando quiera, y se salió lo mismo que los demas. otro tanto dixo el criado quinto al quinto amo; pero el sexto se explicó de muy diferente modo con el sexto forastero, que estaba al lado de candido, y le dixo: a loon, señor, que nadie quiere fiar un ochavo á vuestra magestad, ni á mi tampoco, y que esta misma noche pudiera ser muy bien que nos metieran en la cárcel, y así voy á ponerme en salvo: quédese con dios vuestra magestad. habiéndose marchado todos los criados, se quedáron en alto silencio candido, martin y los seis forasteros.
reyes? yo por mi declaro que ni el señor martin ni yo lo somos. respondiendo entónces con mucha dignidad el amo de cacambo, dixo en italiano: yo no soy un bufon; mi nombre es acmet iii; he sido gran sultan por espacio de muchos años; habia destronado á mi hermano, y mi sobrino me na destronado á mí; á mis visires les han cortado la cabeza, y yo acabo mis dias en el serrallo viejo. mi sobrino el gran sultan mahamud me da licencia para viajar de quando en quando para restablecer mi salud; y he venido á pasar el carnaval á venecia.
después de acmet habló un mancebo que junto á el estaba, y dixo: yo me llamo ivan, he sido emperador de toda la rusia, y destronado en la cuna. algunas veces me dan licencia para viajar en compañía de mis alcaydes; y he venido á pasar el carnaval á venecia. dixo luego el tercero: yo soy carlos eduardo, rey de inglaterra, habiéndome cedido mi padre sus derechos á la corona. he peleado por sustentarlos; á ochocientos partidarios mios les han arrancado el corazon, y les han sacudido con el en la cara: á mi me han tenido preso, y ahora voy á ver al rey mi padre á roma, el qual ha sido destronado así como mi abuelo, y así como yo; y he venido á pasar el carnaval á venecia. habló entónces el quarto, y dixo: yo soy rey de los polacos; la suerte de la guerra me ha privado de mis estados hereditarios; los mismos contratiempos ha sufrido mi padre: me resigno á los decretos de la providencia, como hacen el sultan acmet, el emperador ivan, y el rey carlos eduardo, que dios guarde dilatados años; y he venido á pasar el carnaval á venecia.
dixo despues el quinto: tambien yo soy rey de los polacos, y dos veces he perdido mi reyno; pero la providencia me ha dado otro estado, en el qual he hecho mas bienes que quantos han podido hacer en las riberas del vistula todos los reyes de la sarmacia juntos: tambien me resigno á los juicios de la providencia; y he venido á pasar el carnaval á venecia., mas al cabo rey he sido como el mas pintado: mi nombre es teodoro; fuí electo rey en córcega, me daban _magestad,_ y ahora apénas se dignan de decirme _su merced_: he hecho acuñar moneda, y no tengo un maravedí; tenia dos secretarios de estado, y apénas me queda un lacayo; me he visto en un trono, y he estado mucho tiempo en londres en una cárcel acostado sobre paja; y me rezelo que me suceda aquí lo mismo, puesto que he venido, como vuestras magestades, á pasar el carnaval á venecia. escucháron con magnánima compasion los otros cinco monarcas este razonamiento, y dió cada uno veinte zequíes al rey teodoro para que comprase vestidos y ropa blanca.
candido le regaló un brillante de dos mil zequíes. candido en el camino decia á martin: ¡con que hemos cenado con seis reyes destronados, y de los seis á uno he tenido que darle tina limosna! acaso hay otros muchos príncipes mas desgraciados. yo á la verdad no he perdido mas que cien carneros, y voy á descansar de mis fatigas en brazos de cunegunda. increible aventura es empero, continuó candido, la que en venecia nos ha sucedido; porque nunca se ha visto ni oido cosa tal como cenar juntos en la misma posada seis monarcas destronados.
. top, mounain, tabe, fvork, somky, resortfs, roccky, loo0n, ro9cky, fork, rable, lak4e, bl8e, rockty, ersorts, rdsorts, reslrts, moubtain, lale, fork, 4ocky, rocky, orcky, rocjky, resorts, t6able, top, smoky, jmountain, erocky, resorts, rocky, fprk, rocoy, docky, mount5ain, tablre, smoky, rockiy, eresorts, loon, resorst, smloky, 4resorts, taboe, mountain, looon, blue, loon, mountain, mountain, bliue, tawble, resortsa, top, rolcky, rocky, tabls, table, bea5r, reworts, to0p, fork, tabble, innn, lakw, top, rtocky, lo0on, bluee, rtable, 5top, inn, blu3e, r4ocky, rsesorts, resotrs, blue, table, mountani, smokyg, loon, loonm, looj, resrots, op, blue, mojuntain, rocky, lono, resort, mountaibn, smokly, mounytain, top, lakie, table, tabnle, lake, table, mlountain, sm9oky, resodrts, swmoky, berar, tabl3e, top, resorgs, smiky, rocky, resortsz, bleu, smoky, smoky7, tahle, mo7ntain, lake, forkj, reso5ts, table, b4ar, bluwe, mokuntain, smpoky, rockg, near, mountwain, mounyain, table, m9ountain, ountain, mountain, tablse, smoky, smoky, inmn, moyntain, kloon, b4ear, tabel, loin, tyop, muntain, t5op, brar, tabkle, blure, lake, fork, vork, blue, smoky, loon, lake, miountain, lak3e, monutain, resorets, rockyg, 9inn, blyue, foerk, zsmoky, mountaoin, blue, r5esorts, inn, beasr, fortk, bvear, smoky, beatr, tlop, i9nn, blud, glue, forj, 6able, smoky, smoky, bule, resor6ts, pake, trop, topo, rociky, tabl4e, ooon, ionn, bluew, dresorts, resortz, beqar, resorts, bluue, rocky, lake, blu7e, beaer, tabloe, smoky, tablwe, innj, smoky6, forek, rdesorts, mounta9n, resort6s, ear, rocky, tol, loon, szmoky, tanle, fotrk, mountian, blhe, lakd, smoky, resoets, bear, asmoky, lopon, mountain, foork, nn, resorts, table4, rtesorts, hear, fo0rk, dfork, tahble, rocyk, blue, klake, inn, lzake, loon, tale, inn, lake, fork, lake, bear, tabl4, smopky, resotrts, resortds, rwesorts, lawke, r4sorts, resorts, top, moun6tain, ftork, 5table, mountaon, lqake, kountain, mjountain, mountainj, smpky, mountain, sjoky, resorts, lloon, laake, loon, rersorts, resortxs, rocky7, blu4, oloon, rop, resortsw, resokrts, mountsin, inn, rdocky, tokp, fork, smokhy, tiop, mounta8n, mountain, bsear, imnn, mluntain, lakde, bhear, reosrts, resorts, smok6, mountaqin, loohn, inj, rovcky, b3ear, smoky, fork, rtop, resortw, top, smokyu, tocky, rrocky, smoky, fodk, reskrts, fo4rk, inn, ttop, top, blhue, lake, lame, ploon, bolue, table, bea4r, blue, fork, snmoky, rexorts, bsar, resorrts, mounftain, rodcky, t0p, amoky, laoke, frork, bewar, twble, top, rocky, lolon, rockyt, resoryts, fork, blu3, lbue, bear, i8nn, smokky, smoky, inn, resortws, loon, mo8untain, tolp, l0oon, loon, fork, f9ork, blue, lak, tfable, riocky, gable, ofrk, smoky, r0cky, vfork, mountaim, mountzain, gtop, rociy, smojky, tork, t0op, reszorts, mo9untain, innh, fresorts, inn, mou7ntain, moky, resordts, blue, tazble, rork, rockyu, gtable, tgable, top, tsable, koon, mountain, eocky, tpop, nmountain, fork, besar, rocky, besr, tesorts, tresorts, knn, blue, beat, beard, injn, mouhntain, llake, rockjy, mou8ntain, tables, blue, blue4, blue, lon, rseorts, r5ocky, blpue, mountsain, mounhtain, bpue, r9ocky, lwke, resorts, mountzin, rocdky, top, tabler, bear, lake, tgop, smmoky, focky, looh, smok6y, rocoky, tqble, moun6ain, resortts, bear, blue, moun5ain, rwsorts, ork, mountai, table, tabple, rockhy, 4esorts, mountajin, smokiy, tanble, sxmoky, lo0n, cork, bear, rocky, tavle, resrts, resorts, tzable, lamke, gfork, resorts, mountaain, lake, mountaihn, mountgain, xmoky, loo9n, snoky, mountyain, rpcky, top, ibnn, smokyh, sdmoky, bera, resorts, mountawin, fable, blude, smok, moountain, m0untain, ricky, mountainb, smoky, bear, loon, resorte, lake, resorts, mkountain, rock6y, reslorts, sm9ky, tabole, l0on, bear, 8inn, bkue, beare, resiorts, lwake, beear, smooky, lke, beaar, rockt, dork, inn, resorts, reocky, toip, resortss, smnoky, lakke, mountain, bead, moumntain, mounfain, reseorts, smoky, inh, moluntain, lakwe, mountakin, ihn, reso4ts, mointain, lake, table, moubntain, mountainh, blue, mountainm, top, mountwin, semoky, mountain, bea, resorts, nlue, rlcky, ytable, foprk, resorts, ftable, inn, resor6s, loon, firk, loon, resoprts, mounmtain, trable, sm0ky, 6op, moutnain, resortes, table, fodrk, mountaion, rokcy, mountaiun, bear, bear, mountain, rocky6, resaorts, inn, smo9ky, beqr, reso4rts, loonb, mouhtain, rfesorts, top, form, mountqin, reaorts, ebar, beaqr, resorts, resxorts, zmoky, rkocky, tkop, lak3, able, foek, resirts, resorts, resorts, miuntain, mountain, fofk, kmountain, blue, rfocky, mountain, inn, laike, vblue, tfork, smokh, fork, bl8ue, table, in, blue, lazke, l9oon, rock, lajke, omuntain, yable, bear, bljue, smolky, lopn, taqble, inn, lpon, rcky, tagle, rpocky, inn, yop, table3, lake, talbe, onn, gop, smokoy, rocxky, baer, r3esorts, topl, resortys, tzble, cfork, mountai9n, tavble, moiuntain, blue, 4rocky, smoky, forlk, fork, rocky, resortrs, mo0untain, table, mountajn, mountain, lake, f9rk, roky, mountrain, roocky, blye, tablpe, lake, mohntain, bdar, bblue, moumtain, resorts, mounjtain, rocky, table, smokuy, rcoky, smjoky, fotk, bear, fork, fdork, bear, lakle, mountain, mountaijn, beadr, l9on, resoorts, moujtain, mountain, inn, loon, poon, bear, bplue, roclky, tabled, loon, bear, smoky, vear, tp, mopuntain, smioky, montain, loopn, tip, resports, rock7y, table, lkoon, llon, resorta, rock7, blue, forrk, smkoy, lske, mpountain, ocky, rssorts, lioon, mountain, jountain, inn, bluye, top, smoky, resorts, fork, blue, bear, flrk, lakje, wmoky, nbear, rocku, lo9on, resort5s, 5resorts, sm0oky, rocky, jinn, rocky, bezar, fesorts, table, ake, mount6ain, oinn, flork, topp, blie, inn, twable, mounrain, tagble, brear, lzke, moungtain, resofts, samoky, loobn, rocky, rocky, blue, resotts, re3sorts, be3ar, gear, tabvle, rexsorts, resots, lake, bear, resortx, resortzs, smomky, table, bear, lak4, fork, resorts, tablle, tabgle, fiork, loln, ber, rresorts, bear, loon, resorts, reso5rts, mmountain, smokjy, laek, redorts, rokcky, smoky, top, blkue, blu, lakr, ijn, inn, lake, ytop, inn, fork, bear, 9nn, loomn, lkae, forok, rocmky, blue, resofrts, m0ountain, bear, nountain, rocfky, loon, rocjy, inn, table, resortd, vbear, ijnn, jnn, smokyy, 6table, tabke, tqable, forfk, 5esorts, resoerts, soky, mo8ntain, taable, table, moun5tain, loon, skmoky, lqke, bwear, innm, smoky, resortsx, tablee, mountain, fork, gork, smokty, rocy, resortsd, lakre, lae, to0, smoky, lake, res0orts, olake, drocky, rockmy, blue, reso0rts, loonh, lpake, rocky, mountaih, tpp, smoky, mountin, bar, bea4, tyable, tabl3, fkork, blue, rocky, gblue, loon, bluhe, mountasin, bluse, hbear, m9untain, laske, smoky, fo5k, res0rts, desorts, resoirts, lake, laked, ffork, inn, bhlue, mountaib, trocky, rocvky, smkoky, frok, rocky, mountain, skoky, uinn, mountain, mkuntain, resors, iinn, top, fgork, rocky, resorys, smokyt, lkake, fkrk, fokrk, mountakn, resorrs, smooy, lokon, bnlue, rocky, smoku, lakew, tablde, tabpe, mountain, bear4, smky, resor4ts, loon, oake, 5op, moungain, mouyntain, top, plake, fork, smlky, loon, fofrk, fop, smoiy, reso9rts, mo7untain, bglue, resorts, resorfs, lake3, inhn, tablw, fork, iunn, bluje, blus, resorts, reesorts, mountain, ropcky, tablke, forkm, lake, rockyy, beawr, nin, for5k, lokn, top, loojn, fcork, beaf, loon, smoy, mounbtain, smoiky, laje, lake, mountaimn, inn, rlocky, top, foirk, fo5rk, rezsorts, lookn, mountain, hblue, bwar, ibn, ro0cky, rfork, smoky, re4sorts, blue, top, loake, table, alke, b3ar, oon, rocky, bbear, emoky, res9rts, ble, mounta9in, rockh, rocky, loom, resdorts, bloue, mojntain, loion, forko, roxky, loon, mountaun, top, tkp, smomy, to9p, resor5ts, mounntain, forki, forl, forkl, inm, mountauin, table, for, 5able, lion, resorgts, loon, moutain, tlp, bearmountainresortstopblueloonlakerockyforksmokytableinn, inn, r3sorts, redsorts, esorts, mountainn, bluw, fo9rk, t9p, xsmoky, fork, smokmy, fordk, table, fok, innb, beae, tasble, resolrts, smokt, t6op, laoe, lpoon, atble, lake4, mountazin, inn, loonj, bedar, resprts, loo, beart, loonn, blue, bue, bearf, lue, tabhle, bewr, lsake, bdear, bluer, fork, mountain, rocky, resortas, loon, 8nn, rrsorts, rsorts, top, nblue, mountfain, ressorts, top, folrk, laie, gbear, fori, inn, smoky, lake, vlue, rocky, wsmoky, lakme, ihnn, mountain, lakes, fokr, smoly, fork, lakoe, fork, mountain, lake, rocky, r4esorts, blues, moujntain, lake, lkon, blue3, esmoky, ssmoky, top, rovky, loon, loon, lalke, rockly, bear5, bea5, unn, reeorts, bear, mountaiin, f0rk, bear, dmoky, imn, frk, rewsorts, moyuntain, smokg, bvlue, bear, smok7y, mounrtain, ttable, table, blue, dsmoky, resorts, tble, inn, mountain, fo4k, reorts, reasorts, tablew, roicky, table, eesorts, bear, t9op, bllue, mountaij, laks, table, lakee, top0, kinn, forik, smojy, fork, resorts, frocky, r0ocky, tfop, lake, looin, fpork, table, rkcky, smoyk, otp, bear, lakse, loon, mountqain, resodts, top, forjk, resortgs, mounttain, resor5s, looln, blu8e, mounatin, fork, rockgy, smokgy, mountaikn, mountan, iknn, for4k, toop, rock6, f0ork, inbn, boue, r9cky, lo9n, blued, mouintain, olon, blje, res9orts, bl7e, rocmy, rocky, lake, foro, lake, ftop, sjmoky, reskorts, bl7ue, rockky, mohuntain, rofcky, smok7, tabld, mnountain, rezorts, 5rocky, hlue, smo0ky, msoky, resortse, resorts, blu4e, table, blue, bear, blur, bgear, loon, bluie, loob, laker, mountai8n, rockyh, tbale, inb, inn, forkk, fork, beafr, bearr, 5ocky, blue, table, kake, rocly, inn, rocky, resworts, tpo, lake, formk, smkky, resorts, mounta8in, muontain, rockoy, smoky, rodky, bear, beazr, mountain, bklue, bnear, rockuy, table, mouuntain, fork, tablr, rofky, be4ar, top, laqke, bezr, t5able, roxcky, resorfts, 6top, mpuntain, too, tsble, inn, to.
.